Mi madre decía a veces, hablando de otros, “por un perro que maté,
mataperros me llamaron”.
Mi reflexión ahora es la siguiente: La frase indica, según yo,
literalmente, que si alguien mata un perro, como eso no está bien
visto socialmente, ese alguien pierde la confianza de los demás de
que no volverá a hacerlo. Primero, me parece que no es preciso matar
un perro, sino con que haya sospechas, “fundadas” o no, basta para que
haya una acusación y se le considere al sospechoso indigno de
confianza. Y segundo, aunque ese alguien hubiera “matado un perro”,
es como si ese castigo social de retirarle la confianza para siempre
no fuera suficiente penitencia. Pongo matado un perro entre comillas
porque no tiene por qué ser literal, se puede extrapolar a cualquier suceso
en el que el sujeto acaba drásticamente con él.
Por otra parte me viene a la cabeza, la frase: muerto el perro se acabó
la rabia. En esta es como que se justifica la muerte del perro o la
eliminación del problema para quitárselo de encima.
Siempre matando al perro. Es como el mito de la caverna de Platón o el de Cristo.
Alguien hace ver una realidad que a otros no les cae bien y
se produce el linchamiento. Qué mundo este…