Hace tiempo vi la película «La elegancia del erizo» y me gustó, hace muy poco, en la feria del libro, salió a mi encuentro el libro en el cual está basada la peli, en un puesto de libros de segunda mano. Lo estoy leyendo ahora y cuando iba por la página cincuenta y algo me vino a la cabeza la idea que escuché no hace mucho, de que así como en la educación, cuando somos niños, y todavía no nos podemos ni imaginar que los adultos, en general, nos puedan estar engañando en multitud de aspectos, nos plantean las preguntas de quién soy, dónde estoy, porqué, para qué, de dónde venimos o a donde vamos, qué es la vida, qué es la muerte, etc. y automáticamente nos dan la contestación a esas preguntas. De manera que nos quedemos falsamente satisfechos y no preguntemos más. Al leer este libro, me ha venido a la cabeza, como decía, de que con las películas pasa lo mismo. Si tu ves una película, me refiero a películas no consideradas basura, (como la mayoría de las que pasan por la tele) cine mínimamente decente, y no has leído el libro del que ha salido, es muy probable que no lo leas porque ya con la peli te conformas. Y claro, eso hace que te pierdas la riqueza del escrito y te quedes con algo infinitamente más superficial. Si cuestionas las cosas siempre, o casi siempre, surge el truco del almendruco. Jajaja. El libro La elegancia del erizo de Muriel Barbery, muy bueno. Me encanta la observación a través de la cual se produce una obra, que resulta ser un estudio sociológico y expresado, además con un elegante sentido del humor. Como los hermanos Coen, por ejemplo.
25 junio, 2021