Carbón para los niños malos
A las niñas malas los reyes magos les traen carbón
Me acuerdo una vez que mi madre encontró que en una pastelería vendían carbón para reyes hecho de azúcar, porque aquello era puro azúcar. Estaba bien imitado y yo quería probarlo. Así bajo mi insistencia mi madre compró carbón de azúcar. Utilizaban los mayores esa amenaza, “si no te portas bien, los reyes te traerán carbón en vez de los juguetes y regalos que tú pidas”. Aunque te hubieran engañado vilmente con el asunto, ellos seguían el juego como si la cosa no tuviera importancia. Tantas mentiras nos han hecho tragar…no echo la culpa a mis padres, que al final eran víctimas de las costumbres sociales. Me acuerdo, también de por qué dejé de confesarme primero y ir a misa después. No estaba bien visto que tomaras la comunión sin haberte confesado antes con el cura. A mí me resultaba difícil reunir suficientes “pecados” para poder tener algo que decirle al cura”. No se me ocurría nada que me atormentara. Además “la comunión” qué clase de comunión era esa? Eso no era una comunión. La única que existía era la de tu espíritu con dios. Particular, íntima. Y para que se produjera esta comunión no hacía falta pasar por tanta hipocresía, tanta manipulación y tanta tontería. No sentía la necesidad de contarle a un personaje vestido con sallas negras nada al respecto de mis intimidades. Yo a ese hombre no lo conocía de nada. Tras la confesión, te ponían una penitencia, rezar una serie de oraciones, y con eso ya estaba todo resuelto, vaya por dios.
Al ir a misa, no encontraba sentido ni interés en los sermones del párroco. No se satisfacía mi posible interés de pertenecer a un colectivo. Más bien lo que veía es un rebaño muy bien mandao. Y yo, qué pintaba allí, pues nada.