Expectativas erróneas.
Contaba Jacobo Grinberg en uno de sus libros una experiencia que tuvo muy reveladora. Estaba en Méjico entrevistándose con un ser sabio de allí. Estaban en una zona donde la lluvia era muy escasa. Él le preguntó cómo hacían los rituales para atraer a la lluvia. Y pensando que el otro le haría una demostración haciendo una danza vio que esta persona se quedaba de pie, quieto y muy concentrado. Cuando hubo pasado un rato Jacobo le preguntó, cómo es que te has quedado ahí quieto y callado? Y el chamán (no me acuerdo si era chamán), le contestó que para atraer a la lluvia, uno debía concentrarse en cómo y qué sientes cuando está lloviendo, los sonidos, la humedad, ….así se atrae la lluvia. Dicen que por la tarde llovió. (Ahora no sé si lo leí en Jacobo Grinberg o en Gregg Braden, porque acabo de ver un video de este último y cuenta la misma anécdota de la lluvia. O muy parecida. Lo importante no es tanto quién lo dijo sino lo que dijo. L a cuestión es que se dieron cuenta de que cuando se desea algo no basta con pedirlo sino que uno se ha de sentir como si ya lo tuviera). Gregg Braden cuenta que llovió y mucho.
Y yo digo, así es como se atrae lo que sea.
Si uno reza o desea desde la carencia (no tengo de esto y lo quiero) entonces no resulta o no resulta bien. Si quiero ser rico en bienes materiales y no tengo deseo integrado, o sea, no me lo creo, entonces no llegaré a ser rico, o si lo consigo vendrá esa riqueza acompañada de desgracias. Tengo que tener la convicción de que ya soy rico y tengo que actuar como si lo fuera. No se trata de comprar a lo loco o gastar más dinero del que se dispone, sino de ser capaz de tomar la responsabilidad que conlleva el tener mucho dinero y saber administrarlo. O sea ser capaz de dominar la situación y no que la situación te domine.
Cuando era muy joven leí un libro titulado Papillon de Henri Charrière publicada en 1969 es una novela autobiográfica. Y en ella describe su método para sobrevivir en aquella nefasta situación.
Tuvo que recurrir a su imaginación y ensoñar que era feliz, que estaba rodeado de seres que le amaban y que se encontraba el lugares paradisíacos. Él hacía lo mismo que el chamán de Jacobo Grinberg, imaginaba y reconocía y recordaba cómo a través de sus sentidos se sentía en esas situaciones felices y así conseguía no morir.
Llegados a este momento digo que no basta con rezar, no basta con desear, no basta con conjurar, (que sí, que todo eso está muy bien, pero,…), sino que lo importante es la intención y volvemos a la convicción, una cosa es pensar, otra entender, comprender, incorporar, actuar….pero si llegado a este punto nuestra acción está desprovista de convicción, entonces no sirve de mucho. Sin intención no hay nada, muy poco o expectativas quizá erróneas.